¡Como quieras!
No me digas tu nombre...
No esta noche.
Si he de recordarte, quiero hacerlo por tu persona, no por lo que otros han hecho de ti. Si he de ver tu rostro entre la bruma de mis memorias, que sea por tus ojos por lo cual mi corazón acelere sus latidos, no por tus labios moviéndose frenéticos en un ir y venir de palabras sin sentido.
Para llenar el vacío, o para desechar el silencio.
Innecesaria costumbre que a veces tenemos.
Para completar lo que somos, en aquella eterna búsqueda sin fin.
De lo que alguna vez tuvimos y dejamos olvidado el día que olvidamos también como sentir.
Aquél en que nos entregamos a la monotonía diaria en la desesperación por vivir.
No te diré mi nombre...
No significa nada en realidad.
No dice nada de lo que soy, fui, ni seré.
Si quieres llamarme de algún modo, llámame del modo en el que te susurre el silencio.
Llámame como al fulgor argénteo del astro nocturno, llámame como evocas la luz cegadora del sol en un día de invierno.
Llámame como llames a la lluvia limpiando tu rostro, llevándose el agobio.
Llámame como llames al amor, como recuerdes al odio, como sientas la tristeza, y como sonrías al universo en un arrebato de felicidad efímera.
Llámame como llames al arcoiris cuando te creías ciego. Llámame como llames al verdor de un bosque en pleno desierto.
Llámame como quieras... ¡Como quieras!
Pero, por favor, no me llames por quién no soy.
Deja que hable el silencio... Amor.



